Qué voluntariado para qué crisis (y para qué salida de la crisis)

1 comentario

(Artículo de Imanol Zubero, relator del XV Congreso Estatal de Voluntariado)

I. Celebramos el XV Congreso Estatal del Voluntariado/Estatuko XV. Boluntariotza Kongresua en un contexto de crisis profunda, estructural, sistémica, caracterizada en el documento Profundizar en el voluntariado: los retos hasta 2020 en los siguientes términos: “Más allá de un momento de crisis económica o de una era de cambios, lo que estamos viviendo realmente en estos momentos a nivel global es un cambio de época” [1].

Una preocupación evidente en estos momentos tiene que ver con la forma en que esta situación de crisis afecta a las organizaciones del voluntariado o a la propia práctica voluntaria [2]. Es una preocupación lógica. Los diagnósticos al respecto son variados [3]. El futuro, en todo caso, se presenta incierto [4]. La posibilidad de un debilitamiento de la dimensión instituida del voluntariado (el sostenimiento de las organizaciones, el acceso a recursos económicos para llevar adelante sus proyectos y acciones, la presencia en su seno de personas voluntarias) es preocupante, ya que afectaría gravemente a los sujetos vulnerables y frágiles a cuyo servicio está. Desde esta perspectiva instrumental –las organizaciones de voluntariado como herramientas para la solidaridad efectiva- las preguntas y las preocupaciones referidas a la propia existencia de las organizaciones son legítimas y pertinentes.

 

II. No obstante, la crisis –esta crisis epocal- nos invita, más bien diríamos que nos obliga, a reflexionar especialmente sobre la dimensión instituyente de la acción voluntaria: su capacidad para recrear la realidad, para transformarla en la dirección que indican los valores fundamentales del voluntariado [5].

Esta es, pensamos, la orientación que subyace a todo el documento Profundizar en el voluntariado: los retos hasta 2020, explicitadaen los siguientes términos: “El voluntariado ha de buscar necesariamente una dimensión cívica y ha de buscar también la incidencia política, dado que ambos aspectos están estrechamente relacionados con su vocación transformadora. La dimensión política, no conlleva adscripción política partidista, sino compromiso con una participación activa en los asuntos políticos que afectan al conjunto de la ciudadanía y que en consecuencia están en la base de las cuestiones de las que se ocupa el voluntariado”.

 

III. ¿Por qué destacamos esta dimensión instituyente, auténtica y profundamente política, del voluntariado?

“El aumento e importancia del voluntariado en el campo de la acción social suele asimilarse tradicionalmente a las épocas de crisis económicas y sociales, y es ya un tópico el relacionar el reciente estallido de interés por la acción voluntaria con la crisis económica y social de los últimos años y el progresivo desmantelamiento del estado de bienestar que amenaza el futuro de nuestras sociedades” [6]. Aunque en una primera lectura pueda parecer un texto actual, en realidad se escribió en 1989, en otro contexto de crisis. En aquellos años el voluntariado supo responder a las expresiones más dramáticas de aquella situación de crisis.

Ahora bien: ¿supo sembrar en aquellos años el voluntariado una cultura de la cooperación, la solidaridad, la responsabilidad y la acogida? ¿se propuso hacerlo? A la luz de la situación que ahora vivimos, nos atrevemos a decir que, o no se lo propuso (por una mentalidad más reactiva que proactiva), o si se lo propuso no lo logró.

 

IV. Hay quienes en los últimos años miran al voluntariado como un actor social fundamental, no ya para dar respuesta a los problemas sociales que en cada momento histórico puedan existir en nuestra sociedad, sino para enfrentarse a la sociedad misma –a sus lógicas de producción y reproducción- como problema.

“La única figura de la rebelión y de la solidaridad que, más allá del umbral, parece vislumbrarse, todavía confusa entre las sombras del futuro, empeñada en estos retos es la del Voluntario […], frágil e incierta, y todavía vaporosa y débil. Asistimos al nacimiento de esa figura auroral, de perfiles difuminados, ciertamente diferente de aquella -esculpida en la piedra y en el metal- del militante del siglo XX que la ha precedido, o incluso se podría decir opuesta a aquella por su carácter totalmente «civil» (ajeno a cualquier aspecto militar de la organización y del conflicto), por el uso que hace de su propia debilidad como punto de fuerza y de su diseminación (refractaria a cualquier idea de centralización) como forma de presencia, por su carácter irreductiblemente «no político». […] Pensar en una comunidad reticular de Voluntarios comprometidos en un quehacer que no sea reducible a trabajo porque es gratuito y ajeno a la lógica de lo útil, dedicado a la reproducción aquí y ahora del vínculo social y de las relaciones humanas” [7].

En un momento de cambio de época tal vez sea esta la reflexión más esencial que hemos de plantearnos: ¿puede realmente el voluntariado ser más que una respuesta generosa y eficiente a las consecuencias de la crisis? ¿puede –acaso debe- reconocerse a sí mismo y afirmarse sin complejos como un actor político empeñado, no sólo en responder a la crisis, sino en orientar una salida de la misma que nos evite volver a caer dentro de algunos años en los mismos errores.

 

Trabajar el plano pre- y meta-político

La relación entre política y voluntariado puede ser entendida desde una triple dimensión: el nivel pre-político, el meta-político y el político. La dimensión política del voluntariado no puede ser reducida únicamente a la arena de la interlocución con los partidos políticos o a la influencia en los mismos, sino a la dimensión pública en que opera, como forma de concreción de la democracia y en consecuencia, de expresión de los valores de la ciudadanía.

• La dimensión pre-política es aquella que se cultiva en los valores sociales, que conforman la inteligencia colectiva, los hábitos sociales y las conductas de las personas. El voluntariado con los valores que defiende, a partir de las distintas dimensiones en las que actúa, con el impulso de la vida comunitaria y de la dimensión relacional de las personas, contribuye a cultivar el espacio pre-político, sin el cual no hay organización democrática, ni cohesión social, ni honestidad política.

• La dimensión meta-política es aquella que se ocupa de las metas de la sociedad, los fines de la organización social, en definitiva, de las aspiraciones e ideales que están detrás de la acción voluntaria. Quien actúa en el medioambiente cree en una sociedad más ecológica en la que hay un equilibrio entre naturaleza y desarrollo; quien actúa en la cultura, cree en el cultivo de los valores espirituales y de los sentimientos es esencial al progreso de la hu­manidad; quien actúa en la pobreza cree en un mundo más justo en el que no quepan las exclusiones.

• La dimensión política, es aquella que se ocupa de la proyección del poder organizado a través de la administración/gestión (pública o privada) de lo público. También es el espacio en el que se evidencian los intereses corporativos y partidistas. La acción voluntaria se rela­ciona permanentemente con el poder político evitando ser cooptada por este.

El voluntariado se nutre de las dimensiones pre- y meta-política, actúa necesariamente en el plano de lo político y en consecuencia es un actor político; pero lo hace más allá de la gestión de la política, y se centra preferente en los entornos que hacen que ésta emerja, en la identificación de necesidades que han de ser objeto de atención por parte de la acción política (entendida en un sentido más amplio que el campo del Estado), en la propuesta de aspiraciones individuales y sociales que se convierten en los contenidos de la misma.

 

 

[1] Plataforma del Voluntariado de España, Profundizar en el voluntariado: los retos hasta 2020. http://plataformavoluntariado.org/resources/224/download

[2] “¿Cómo afecta la crisis al voluntariado?”. http://inextremisrevista.wordpress.com/2012/04/23/como-afecta-la-crisis-al-voluntariado

[3] Natxo Arnaiz (director de Bolunta), “La crisis no ha aumentado el número de personas voluntarias”, en El Correo, 11/09/2012. http://blogs.vidasolidaria.com/bidesari/2012/09/19/la-crisis-no-ha-aumentado-el-numero-de-personas-voluntarias ; “Caritas confirma el aumento de voluntariado y donantes ante el aumento de la precariedad social”. http://blog.plataformavoluntariado.org/tag/novedades-de-nuestras-entidades ; “La crisis pone en peligro la caridad, pero puede estar aumentando el voluntariado”. http://blog.plataformavoluntariado.org/2009/04/20/la-crisis-pone-en-peligro-la-caridad-pero-puede-estar-aumentando-el-voluntariado

[4] Luciano Poyato: “Vislumbramos un futuro incierto en la pervivencia de la acción social en España”. http://semanal.cermi.es/noticia/Luciano-Poyato-plataforma-voluntariado.aspx

[5] Sebastián Mora, “El voluntariado social: «una voz que nunca cesa»”, en Documentación Social, n. 149-150, 2008. http://www.caritas.es/imagesrepository/CapitulosPublicaciones/930/15%20-%20EL%20VOLUNTARIADO%20SOCIAL.%20UNA%20VOZ%20QUE%20NUNCA%20CESA.pdf

[6] Pilar Gómez y Elena Mielgo, “Voluntariado y Trabajo Social”, en Escuela Universitaria de Trabajo Social, n. 2, 1989.

[7] Marco Revelli, Más allá del siglo XX, El Viejo Topo, 2002.

 

Imanol Zubero, relator del XV Congreso Estatal de Voluntariado 2012

Anuncios

Un pensamiento en “Qué voluntariado para qué crisis (y para qué salida de la crisis)

  1. Imanol no defrauda con este artículo y vuelve a dar en el clavo (como tantas veces) de lo fundamental del voluntariado. Muy buen aperitivo del Congreso, esperaremos al plato principal y al postre a ver si son igual de nutritivos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s